La democracia oligárquica burgués colombiana la fundamenta la “violencia política” y así ha ostentado el poder la rancia oligarquía y desarrolla la acumulación capitalista, siendo funcional al imperialismo estadounidense.

Dicha oligarquía promueve diversas formas de violencia y terrorismo en cuerpo ajeno, estableciendo narrativas de defensa de los intereses nacionales y de las clases populares, retórica que riñe con la actitud “apátrida” y sumisa cuando de entregar lo nuestro se trata.

La mentira como arma política se esgrime con más intensidad en las coyunturas electorales. La clase política oligárquica: gamonales regionales y élites capitalinas de los partidos tradicionales y sus derivaciones, inventan amenazas de muerte cuando son los que han engendrado la “maquinaria del mal” los mercenarios narco-paramilitares, para ejercer la guerra sucia y terrorismo del régimen político y de estado.

El truco de las preconcebidas amenazas es cínico. Declararsen victimas por la insurgencia revolucionaria y partidos alternativos es pretender tapar el sol con las manos, cuando son los capos de la derecha y ultraderecha oligárquica quienes masacran, asesinan, penalizan y despojan al pueblo.

La insurgencia Elena no está interesada en que el proceso electoral no se desarrolle. No mientan, si están tan seguros del triunfo ¿Por qué se inventan amenazas de muerte?

Los candidatos de la ultraderecha en especial, saben que el pueblo no come cuento, si lo que esperaban era la voz de preocupación del genocida Trump ya la tienen, dejen el miedo y compitan en franca lid; aunque mientan y lloren se expresara la democracia popular, el pueblo se manifestará como le corresponde.

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